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Autosabotaje: cómo detectarlo cuando estás a punto de lograr lo que quieres

Liliana Pimentel Valdez · 17/07/2025 · 5 min de lectura

Mujer cubriéndose el rostro con la mano

Te enfermas justo cuando ibas a empezar, postergas el proyecto que más deseas, te retractas de una decisión firme. Qué es el autosabotaje, por qué el ego prefiere la zona de confort y un ejercicio para descubrir qué te frena.

Una persona decide, por fin, empezar a hacer ejercicio. Compra las zapatillas, organiza su horario, se inscribe en el gimnasio. Y justo la semana en que iba a empezar, se enferma de la garganta. Otra se propone avanzar cada día en un proyecto que le importa mucho, y cada día aparece una circunstancia distinta que se lo impide. Otra toma la decisión firme de terminar una relación que le hace daño, y su determinación se desvanece en cuanto la otra persona tiene un gesto de atención.

Ninguna de ellas lo hace a propósito. Y, sin embargo, en las tres hay algo que se repite: cuando están a punto de cambiar, algo dentro de ellas lo impide. Eso es el autosabotaje.

Qué es el autosabotaje

El autosabotaje es un mecanismo inconsciente que se activa cuando un cambio importante o un beneficio se acerca. Su función, paradójicamente, es protegernos: mantenernos en la zona de confort, ese lugar conocido donde no hay amenazas físicas ni emocionales, aunque tampoco haya plenitud.

La zona de confort no siempre es cómoda. Puede ser un trabajo que no gusta, una relación que desgasta o una rutina que aburre. Pero es conocida, y lo conocido se siente seguro. Salir de ella implica exponerse a lo nuevo, y lo nuevo despierta miedo.

El precio de quedarse es alto, aunque no siempre se note: apatía, desmotivación, inconformismo, la sensación de que la vida pasa sin que una la viva de verdad.

El ego y su búsqueda de seguridad

En este mecanismo, el ego es el protagonista. El ego busca seguridad y comodidad por encima de todo, incluso a costa de la felicidad. No le importa si la persona está realizada; le importa que esté a salvo. Por eso, cuando ve que se acerca un cambio, activa todas sus estrategias para evitarlo: las dudas, el cansancio, las excusas, incluso los síntomas físicos.

Entender esto ayuda a dejar de pelear contra una misma. El autosabotaje no es una prueba de que una sea débil o incapaz. Es una parte de ti que intenta protegerte con herramientas que ya no sirven.

Detrás del autosabotaje hay un miedo

En la raíz de casi todo autosabotaje hay un miedo. A veces es fácil de nombrar: miedo al fracaso, al rechazo, al qué dirán. Otras veces es inexplicable a nivel consciente: la persona no sabe de qué tiene miedo, pero lo siente con fuerza cada vez que intenta avanzar.

Ese miedo suele originarse en experiencias pasadas y en emociones que quedaron atascadas en la mente y en el cuerpo. Desde la mirada transpersonal, también puede venir de limitaciones de vidas pasadas: cargas del alma que siguen operando en el presente. El miedo, en sí mismo, no es malo; es una señal. Se vuelve peligroso cuando se apodera de una persona por completo e impide cualquier logro.

Señales de alerta

Algunas situaciones indican que el autosabotaje podría estar en marcha:

  • Te retraes justo antes de lograr una meta importante.
  • Aparecen miedo e inseguridad precisamente cuando algo empieza a mejorar.
  • Sientes una pesadez que te inmoviliza, a veces acompañada de malestares físicos que llegan en el peor momento.
  • Te invaden el desánimo, la apatía o una sensación de vacío sin causa aparente.
  • Siempre encuentras una buena razón para postergar lo que más te importa.

Lo que dice la psicología

En 1978, los psicólogos Steven Berglas y Edward Jones describieron un fenómeno que llamaron «autoobstaculización»: la tendencia a crear obstáculos a nuestro propio desempeño para tener una excusa si fracasamos. Quien no se prepara para un examen, por ejemplo, puede atribuir una mala nota a la falta de estudio y no a su capacidad. Así protege su autoestima a corto plazo, pero a costa de sus resultados.

Esta investigación coincide con la mirada transpersonal en algo esencial: el autosabotaje protege algo. La pregunta clave no es cómo dejar de sabotearse, sino qué se está protegiendo.

Las formas más comunes de sabotearse

El autosabotaje rara vez se presenta con su nombre. Suele disfrazarse de cosas que parecen razonables:

  • La postergación: «lo hago mañana», repetido durante meses.
  • El perfeccionismo: no empezar o no terminar porque nunca está lo suficientemente bien.
  • La dispersión: empezar muchas cosas a la vez para no comprometerse con ninguna.
  • Los conflictos oportunos: una discusión que aparece justo cuando una relación se afianza.
  • El cuerpo que dice basta: cansancio, dolores o enfermedades que llegan en el momento menos indicado.
  • La excusa perfecta: una razón tan convincente que nadie, ni siquiera una misma, la cuestiona.

Reconocer tu forma favorita de sabotearte es un gran paso, porque la próxima vez que aparezca podrás verla venir.

Un ejercicio de introspección

Este ejercicio ayuda a descubrir qué hay detrás de tu autosabotaje. Hazlo por escrito, con calma, en un momento en que puedas estar a solas.

Primer bloque: lo que te detiene.

  • ¿Qué se me está haciendo difícil en este momento?
  • ¿Qué estoy evitando?
  • ¿Qué desafío tengo pendiente?
  • ¿A qué necesito renunciar para avanzar?
  • ¿Qué espero que pase si no hago nada?

Segundo bloque: lo que te mueve.

  • ¿Cuáles son mis sueños?
  • ¿Qué me apasiona?
  • ¿Qué espero de mi vida?
  • ¿Qué habilidades tengo para lograrlo?
  • ¿Qué no estoy viendo?
  • ¿Cuál es mi siguiente paso?

Al terminar, lee todo lo que escribiste y redacta una conclusión breve. Luego define una o dos acciones concretas para la próxima semana. Que sean pequeñas y posibles: el objetivo no es hacer un gran salto, sino demostrarle a tu ego que puedes avanzar sin que pase nada terrible.

Cuando el ejercicio no alcanza

A veces, por más que una persona se observe y se proponga cambiar, el patrón sigue. Eso suele indicar que el miedo está anclado en un nivel que la introspección no alcanza: emociones atrapadas, programas del subconsciente o cargas del alma. En esos casos, las terapias de liberación emocional y energética ayudan a llegar a la raíz.

El taller «Autoestima y empoderamiento personal» trabaja los patrones de autosabotaje con la Terapia de Respuesta Espiritual, y también puedes abordarlo en una sesión individual de TRE.

Las terapias transpersonales, energéticas y complementarias no sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento médico o psicológico profesional.