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Tu arma poderosa: la excusa

Liliana Pimentel Valdez · 07/08/2018 · 5 min de lectura

Reloj de arena transparente

«No tengo tiempo», «ya estoy grande», «cuando las cosas se calmen». Las excusas parecen razones, pero muchas veces son la forma más elegante del autosabotaje. Cómo reconocerlas y qué hacer con ellas.

«No tengo tiempo.» «No tengo dinero.» «Ya estoy grande para eso.» «Cuando los hijos crezcan.» «Cuando las cosas se calmen en el trabajo.» «No es el momento.» Todas las personas tienen su colección de frases como estas. Y casi todas suenan razonables. El problema es que, muchas veces, no son razones: son excusas.

La excusa es una de las armas más poderosas del autosabotaje. Es poderosa porque es elegante: no parece una derrota, sino una decisión sensata. Y mientras se sostiene, la persona no tiene que enfrentar el miedo que hay detrás.

Razón o excusa

No toda explicación es una excusa. Hay situaciones reales que impiden hacer algo en un momento determinado: una enfermedad, una crisis familiar, una limitación económica concreta. La diferencia entre una razón y una excusa no está en las palabras, sino en lo que hacen.

Una razón describe un obstáculo y abre la pregunta de cómo superarlo. Una excusa describe un obstáculo y cierra la conversación. «No tengo dinero para ese curso; voy a ahorrar seis meses» es una razón. «No tengo dinero», dicho durante diez años sobre el mismo sueño, probablemente es una excusa.

Una pista útil: si la misma excusa aparece una y otra vez frente al mismo deseo, aunque las circunstancias cambien, vale la pena mirarla de cerca.

Las excusas más frecuentes

  • El tiempo. «No tengo tiempo» suele significar «no es mi prioridad» o «tengo miedo de priorizarlo».
  • El dinero. A veces es real; otras veces encubre la creencia de que no vale la pena invertir en una misma.
  • La edad. «Ya estoy grande» o «todavía soy muy joven» posponen indefinidamente lo que se desea.
  • Los otros. «Mi familia no me apoya», «mi pareja no quiere». Ponen la decisión en manos ajenas.
  • El momento ideal. «Cuando las cosas se calmen» es una espera que rara vez termina.
  • La preparación. «Primero necesito otro curso, otro título, otra certificación», cuando lo que falta no es preparación sino confianza.

Qué protege la excusa

Detrás de cada excusa persistente hay algo que se está protegiendo. Casi siempre es un miedo: a fracasar, a ser juzgada, a descubrir que no se es tan capaz como se esperaba, o incluso a tener éxito y no saber sostenerlo. La excusa permite no enfrentar ese miedo y, al mismo tiempo, mantener intacta la imagen de una misma: «podría hacerlo, si tuviera tiempo».

Por eso las excusas son tan cómodas. Y por eso cuestan tanto soltar. Al final, la excusa sostiene la falta de compromiso con una misma, y esa falta de compromiso tiene un precio: la frustración de ver pasar los años sin hacer lo que se deseaba.

El lugar desde donde decides

En psicología se habla de «locus de control» para describir dónde ubica cada persona el origen de lo que le pasa. Este concepto, propuesto por Julian Rotter en los años sesenta, distingue entre quienes tienden a sentir que su vida depende sobre todo de sus decisiones (locus interno) y quienes sienten que depende de las circunstancias, la suerte o los demás (locus externo). Las excusas son, en gran medida, el lenguaje del locus externo.

No se trata de negar que las circunstancias influyen. Se trata de recuperar la parte de poder que sí está en tus manos. Hay una frase atribuida a Napoleón Bonaparte que lo resume con fuerza: «Las circunstancias, yo las hago». Tal vez no todas, pero sí muchas más de las que una excusa permite ver.

Un ejercicio para desarmar tus excusas

Este ejercicio es sencillo y suele ser muy revelador:

  • Escribe un deseo que llevas tiempo postergando.
  • Debajo, anota todas las excusas que te has dado para no empezar. Todas, aunque parezcan ridículas.
  • Ahora reescribe cada excusa empezando con «Elijo». Por ejemplo, «No tengo tiempo» se convierte en «Elijo no dedicarle tiempo». «Mi familia no me apoya» se convierte en «Elijo esperar a que mi familia me apruebe».
  • Lee las nuevas frases en voz alta y observa qué sientes.

Muchas personas sienten incomodidad al hacerlo, porque la frase con «elijo» devuelve la responsabilidad. Esa incomodidad es la señal de que la excusa estaba ocupando el lugar de una decisión.

Luego, para cada excusa, pregúntate: ¿qué paso pequeño podría dar esta semana, aun con esta circunstancia?

Las excusas que escuchamos en casa

Muchas excusas no son propias: se heredan. Si en tu familia se repetía «para eso no hay plata», «las mujeres no hacen esas cosas» o «uno no puede darse esos lujos», es probable que hoy uses frases parecidas para frenar tus propios deseos sin darte cuenta de dónde vienen. Hacer una lista de las excusas que escuchabas de niña y compararla con las tuyas suele ser muy revelador.

Reconocer el origen no las hace desaparecer, pero sí permite tomar distancia: esa frase no es una verdad sobre tu vida, sino una forma de pensar que aprendiste. Y lo que se aprendió puede revisarse.

De la excusa a la acción

La salida de la excusa no es una gran decisión heroica, sino un paso concreto. Quien dice «no tengo tiempo» puede empezar con quince minutos. Quien dice «no tengo dinero» puede empezar a investigar opciones o a ahorrar. Quien dice «ya estoy grande» puede descubrir a cuántas personas les cambió la vida empezar algo nuevo a su edad.

Cada pequeño paso desmiente a la excusa y fortalece la confianza en que el cambio es posible. Y algo más ocurre: al actuar, el miedo que la excusa protegía suele resultar mucho más pequeño de lo que parecía mientras se lo evitaba. Muchas veces lo que paraliza no es la tarea, sino la anticipación de la tarea.

Cuando la excusa es más fuerte que tú

Si a pesar de verlo con claridad no logras avanzar, probablemente el miedo que la excusa protege está anclado en un nivel profundo: emociones atrapadas, creencias del subconsciente o programas del alma. En esos casos, pedir ayuda no es un fracaso, sino una forma de avanzar más rápido. La PNL Transpersonal permite reprogramar las creencias que sostienen las excusas, y la Terapia de Respuesta Espiritual, liberar su raíz en el alma.

Las terapias transpersonales, energéticas y complementarias no sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento médico o psicológico profesional.