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Autoestima, ¿dónde te encuentro? El camino de regreso al corazón

Liliana Pimentel Valdez · 01/12/2025 · 5 min de lectura

Manos formando un corazón con la luz del sol atravesándolas

La necesidad de quererse más suele empezar en la adolescencia, con la sensación de que nadie escucha. Por qué la autoestima no se encuentra afuera y un ejercicio sencillo para volver a tu centro.

Muchas personas recuerdan con claridad el momento en que empezaron a no quererse. Suele ser en la adolescencia: esa etapa en la que una se siente sola aunque esté rodeada de gente, incomprendida aunque hable, y con la sensación de que nadie escucha de verdad. A los quince años es fácil concluir que el problema es una misma. Y esa conclusión, si nadie la cuestiona, puede acompañar durante décadas.

Por eso la pregunta «autoestima, ¿dónde te encuentro?» no es un juego de palabras. Es una búsqueda real que muchas personas emprenden en algún momento de su vida, a veces sin saber por dónde empezar.

Buscar afuera lo que está adentro

Cuando la autoestima está herida, la tendencia natural es buscarla afuera. En la aprobación de los padres, en las notas del colegio, en la pareja, en los logros profesionales, en los «me gusta» de las redes sociales. Cada reconocimiento alivia por un rato, pero el alivio dura poco y pronto se necesita otro.

La razón es sencilla: lo que se recibe de afuera puede reforzar la autoestima, pero no puede crearla. La valoración profunda de una misma nace de un lugar interno, del reconocimiento del propio Ser. Mientras ese lugar esté desconectado, ningún logro alcanza.

Todos tenemos un Ser valioso

Desde la mirada transpersonal, cada persona tiene una esencia valiosa que no depende de lo que haga, de lo que tenga ni de lo que otros piensen. Es su Ser Divino. Esa esencia no se pierde con los errores ni se gana con los éxitos: está ahí, aunque a veces quede cubierta por experiencias dolorosas, creencias limitantes y heridas antiguas.

Reconocer ese Ser es el punto de partida para amarse. Y quien se ama puede dar amor incondicional a otros sin vaciarse, porque no necesita que el otro le devuelva lo que le falta. Si cada persona reconociera su propio Ser, se ahorrarían muchos sufrimientos innecesarios.

El corazón como lugar de encuentro

Muchas tradiciones espirituales coinciden en señalar al corazón como el lugar donde se encuentran la paz, el consuelo y las respuestas más verdaderas. No se trata del órgano físico, sino del centro desde el cual una persona siente, ama y se conecta con lo que es.

Conectar con el corazón es, quizás, el camino más corto y eficaz para conseguir amarse a una misma. Cuando una persona aprende a regresar a ese lugar, deja de depender tanto de la mirada externa, porque encuentra adentro el sostén que antes buscaba afuera.

La meditación como práctica de regreso

La meditación es una de las formas más antiguas de hacer este camino de regreso. Muchas personas la descubren en un momento de crisis, la practican con entusiasmo durante un tiempo y luego, por las circunstancias de la vida, la abandonan. Es muy común. Y también es común notar, después de un tiempo sin practicar, que algo se debilitó: aparece más ansiedad, más reactividad, más dudas sobre una misma.

La buena noticia es que siempre se puede volver. Y al volver, conviene hacerlo con una intención clara, porque la intención con que se medita determina en buena medida sus efectos: tomar mejores decisiones, encontrar calma, cuidar la salud, mejorar el ánimo o, en este caso, reconectar con el amor propio.

La investigación respalda esta práctica. Estudios sobre la meditación de amor bondadoso, como los de la psicóloga Barbara Fredrickson, han observado que practicarla con regularidad se asocia con un aumento de emociones positivas y de recursos personales, incluida una mirada más amable hacia una misma.

Un ejercicio para regresar a tu centro

Este ejercicio toma solo unos minutos y puede hacerse cada día:

  • Ubícate en un lugar tranquilo, donde nadie te interrumpa.
  • Cierra los ojos y haz tres respiraciones profundas, llevando el aire hasta el abdomen.
  • Cuenta lentamente del diez al uno, sintiendo que con cada número bajas un poco más hacia tu interior.
  • Al llegar al uno, imagina que encuentras tu propio corazón. Obsérvalo: su luz, su calor, su ritmo.
  • Conecta con él. Puedes preguntarle qué necesita de ti hoy, o simplemente quedarte en silencio sintiendo su presencia.
  • Cuando estés lista, agradece, respira profundo y abre los ojos lentamente.

Al principio puede costar sentir algo. No importa. La conexión se fortalece con la práctica, igual que un vínculo con una persona querida se fortalece con el tiempo compartido.

Lo que nadie te dijo a los quince años

Si pudieras hablarle hoy a la adolescente que se sentía sola e incomprendida, ¿qué le dirías? Muchas personas, al hacer este ejercicio, descubren que tienen para ella palabras de una ternura que nunca se dicen a sí mismas en el presente. Le dirían que no estaba equivocada por sentir lo que sentía, que su soledad no era una prueba de que algo estaba mal en ella, que con el tiempo encontraría personas que la escucharían de verdad.

Escribir esa carta puede ser un ejercicio muy sanador. Y al terminarla, vale la pena preguntarse: ¿por qué no me hablo así ahora? La autoestima empieza a reconstruirse cuando la voz con la que una se habla por dentro se parece más a la de una amiga que a la de un juez.

Señales de que vas en camino

Recuperar la autoestima no es un momento único, sino un proceso. Algunas señales indican que estás avanzando:

  • Te hablas con un poco más de amabilidad cuando te equivocas.
  • Te cuesta menos decir que no.
  • Celebras tus logros, aunque sean pequeños, en lugar de minimizarlos.
  • Necesitas menos la aprobación de otros para sentirte tranquila.
  • Disfrutas más de los momentos a solas.

Celebrar cada día

Hay un gesto que acompaña muy bien este camino: celebrar cada día de tu vida. No solo los cumpleaños o los grandes logros, sino el simple hecho de estar viva, de haber atravesado un día difícil, de haber dado un paso más. Celebrar es una forma de decirte a ti misma que tu vida importa.

Cuando la herida es más profunda

A veces la falta de autoestima tiene raíces que la meditación sola no alcanza: experiencias traumáticas, mandatos familiares, programas de desvalorización o memorias del alma. En esos casos, pedir ayuda es un acto de amor propio. El taller «Autoestima y empoderamiento personal» trabaja estas raíces con la Terapia de Respuesta Espiritual, y también puedes vivir el proceso en una sesión individual de TRE.

Las terapias transpersonales, energéticas y complementarias no sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento médico o psicológico profesional.