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Tres causas que te impiden cambiar tus hábitos aunque lo intentes de verdad

Liliana Pimentel Valdez · 21/08/2026 · 5 min de lectura

Planificador para seguir hábitos con un bolígrafo encima

Por más que quieres dejar un mal hábito, vuelves a él. Antes de culpar a tu fuerza de voluntad, conviene mirar tres causas profundas: las energías de baja vibración, las motivaciones ocultas y el programa de autocastigo.

¿Te ha pasado que, por más que quieres dejar un mal hábito, se te hace imposible lograrlo? Te propones dejar de postergar, comer mejor, dormir a una hora razonable o dejar de revisar el teléfono a cada rato. Empiezas con entusiasmo, aguantas unos días y, de pronto, vuelves a lo de siempre. Y con la recaída llega la culpa: «no tengo fuerza de voluntad».

Antes de llegar a esa conclusión, vale la pena mirar más profundo. Desde la mirada transpersonal, cuando un hábito resiste a todos los esfuerzos, suele haber una raíz oculta que la voluntad sola no alcanza.

Un ejemplo que muchas personas reconocen

Una persona postergaba sistemáticamente sus tareas más importantes hasta el último momento. Sabía que eso le generaba ansiedad, que trabajaba con prisa y que los resultados no eran los mejores. Probó agendas, aplicaciones, técnicas de productividad y propósitos de año nuevo. Nada funcionaba por mucho tiempo.

Al investigar con la Terapia de Respuesta Espiritual apareció algo inesperado: un programa de autocastigo que venía de una vida pasada. En el fondo, esa persona no se sentía digna de hacer las cosas con calma y bien. Postergar era una forma de vivir siempre bajo presión, como si mereciera sufrir. Cuando ese programa se liberó, el hábito empezó a ceder con una facilidad que nunca había experimentado.

Primera causa: energías de baja vibración

La primera causa tiene que ver con la energía. Los pensamientos repetidos de muy baja vibración, como la queja constante, el miedo, el resentimiento o la autocrítica, crean un clima interno que dificulta cualquier cambio. A eso se suman las energías discordantes que se absorben de ambientes cargados, de vínculos conflictivos o de experiencias difíciles.

Estas energías pueden manipular el estado mental y emocional: provocan cambios bruscos de ánimo, indecisión y decisiones de las que luego una se arrepiente. En ese estado, mantener un buen hábito se vuelve cuesta arriba, porque la energía disponible se va en sostenerse.

Algunas señales: te sientes bien por la mañana y sin fuerzas por la tarde sin motivo aparente; tus propósitos cambian según el ambiente en el que estás; te cuesta reconocer tus propias decisiones.

Segunda causa: motivaciones negativas

La segunda causa es más difícil de aceptar, porque toca algo que no queremos ver: a veces, una parte de nosotras obtiene un beneficio del hábito que dice querer dejar.

Un ejemplo clásico es el de una enfermedad que, sin que la persona lo sepa conscientemente, le trae atención y cariño que de otra forma no recibiría. Su subconsciente prefiere que siga enferma, porque así obtiene algo que necesita. Lo mismo ocurre con muchos hábitos: comer en exceso puede proteger de una intimidad que asusta; postergar puede evitar la exposición al juicio; el desorden puede mantener alejadas a otras personas.

En psicología se habla de «beneficio secundario» para describir este fenómeno. No es manipulación consciente: es una parte de la persona que encontró una forma, aunque costosa, de cubrir una necesidad. La transpersonal añade que estas motivaciones también pueden estar ligadas al deseo de controlar a otros o de limitar la propia expresión, y que algunas vienen de experiencias del alma.

Una pregunta útil para explorar esta causa es: si dejara este hábito, ¿qué perdería?

Tercera causa: el programa de autocastigo

La tercera causa es quizás la más profunda. El programa de autocastigo es un patrón de culpa, de rechazo hacia una misma y de bloqueo del autoperdón. Quien lo carga siente, en algún lugar profundo, que no merece estar bien. Y entonces, cada vez que empieza a cuidarse, algo lo devuelve al sufrimiento conocido.

Este programa suele hacer sentir a la persona separada de Dios, de la vida o de lo sagrado, como si no fuera digna de recibir ayuda ni milagros. Desde la mirada de la TRE, con frecuencia tiene relación con vidas pasadas, en las que el alma cometió o sufrió algo que no pudo perdonar.

Algunas señales: una autocrítica feroz; la sensación de que siempre hay que pagar por lo bueno que llega; dificultad para disfrutar sin culpa; la idea de que el descanso hay que ganárselo.

Lo que dice la ciencia sobre los hábitos

La psicología también ha estudiado por qué cuesta tanto cambiar. Un estudio dirigido por Phillippa Lally en el University College de Londres observó que formar un hábito nuevo tomaba, en promedio, alrededor de dos meses, con enormes diferencias entre personas, y que saltarse un día no arruinaba el proceso. Es un recordatorio útil: el cambio requiere tiempo y paciencia, y las recaídas forman parte del camino.

La mirada transpersonal suma otra pieza: cuando, aun con paciencia y método, un hábito no cede, probablemente hay una de estas tres causas profundas sosteniéndolo.

Cuando las tres causas se combinan

En la práctica, estas causas rara vez aparecen solas. Un programa de autocastigo puede generar pensamientos de muy baja vibración, que a su vez cargan el campo energético; y una motivación oculta puede sostenerse precisamente porque la persona no se siente digna de algo mejor. Por eso, cuando se trabaja un hábito resistente, conviene mirar los tres niveles: la energía que se acumula, la motivación que protege el hábito y la culpa que lo alimenta.

La buena noticia es que, al liberar una de las causas, las otras suelen debilitarse. Muchas personas cuentan que, después de soltar la culpa, les resultó mucho más fácil sostener los cambios que antes abandonaban al tercer día.

Un ejercicio para empezar

  • Elige un hábito que quieras cambiar.
  • Escribe en qué momentos aparece y qué estás sintiendo justo antes.
  • Pregúntate qué perderías si lo dejaras.
  • Observa si aparece culpa o la sensación de no merecer estar bien.
  • Escribe una frase de perdón para ti misma, aunque al principio no la sientas del todo.

Hay un camino

Si te reconoces en alguna de estas causas, no te culpes. No es falta de voluntad: es una raíz que necesita ser vista y liberada. La Terapia de Respuesta Espiritual permite investigar estas causas en el subconsciente y en el alma, y transformarlas. Puedes aprenderla desde el Curso Básico de TRE o vivirla en una sesión individual de TRE.

Las terapias transpersonales, energéticas y complementarias no sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento médico o psicológico profesional.