Reinvención y emprendimiento: por qué tu energía necesita una sola dirección
Liliana Pimentel Valdez · 17/08/2019 · 5 min de lectura

Construir un proyecto propio mientras sigues enviando currículums divide la energía y alimenta las dudas. El miedo a perder el sueldo fijo, el valor del enfoque y cómo dar el salto con prudencia y sin quedarte paralizada.
Muchas personas sueñan con emprender. Tener un proyecto propio, trabajar en algo que las apasione, organizar su tiempo, construir algo que lleve su sello. Algunas dan el primer paso: arman un plan, abren una cuenta en redes sociales, consiguen sus primeros clientes. Y, al mismo tiempo, siguen enviando currículums «por si acaso». Un pie en el sueño, otro pie en la seguridad.
Esa división parece prudente, y a veces lo es. Pero con frecuencia se convierte en una trampa que impide que el proyecto despegue.
La energía dividida
Cuando una persona está dividida entre dos caminos, su energía también se divide. No solo el tiempo: también la atención, la emoción y la convicción. Cada currículum enviado es un mensaje interno que dice «no confío del todo en mi proyecto». Cada entrevista de trabajo distrae del siguiente paso del emprendimiento. Y el resultado suele ser que ninguno de los dos caminos avanza como podría.
Quienes han pasado por esta experiencia la describen con claridad: estando dividida no se consigue nada. Se vive con un ser emocional partido en dos, con frustración y con la sensación de estar siempre a medias.
Lo que dice la ciencia sobre la atención dividida
La investigadora Sophie Leroy, de la Universidad de Washington, describió un fenómeno que llamó «residuo atencional». Cuando una persona pasa de una tarea a otra, parte de su atención sigue pegada a la tarea anterior, y eso reduce su desempeño en la nueva. Cuanto más se alterna entre focos, más se fragmenta la capacidad de concentración.
Algo parecido ocurre a escala de la vida. Alternar constantemente entre el proyecto propio y la búsqueda de empleo deja residuos de duda en ambos. El enfoque no es solo una cuestión de organización: es una cuestión de energía.
El miedo a perder el sueldo fijo
Detrás de la división casi siempre hay un miedo concreto: el miedo a no poder pagar las cuentas. Es un miedo legítimo y conviene tomarlo en serio. Pero cuando ese miedo gobierna todas las decisiones, puede paralizar, hacer retroceder y llevar a abandonar el sueño para volver a buscar un empleo dependiente, aunque no se quiera.
Muchas emprendedoras cuentan que el temor a no poder pagar sus cuentas las detuvo varias veces antes de decidirse. Lo que finalmente las hizo avanzar no fue la desaparición del miedo, sino la decisión de actuar a pesar de él.
Enfoque no es imprudencia
Enfocarse en una sola dirección no significa renunciar a todo de un día para otro sin un plan. Significa decidir hacia dónde va la energía principal y organizar lo demás en función de eso. Algunas decisiones prudentes que ayudan:
- Un colchón financiero. Calcular cuántos meses de gastos básicos se pueden cubrir mientras el proyecto crece.
- Metas claras y plazos definidos. Saber qué tiene que pasar, y para cuándo, para considerar que el proyecto va por buen camino.
- Un plan de transición. Si se mantiene un trabajo por un tiempo, que sea como puente hacia el proyecto y no como plan alternativo permanente.
- Revisiones honestas. Evaluar cada cierto tiempo qué funciona y qué no, y ajustar.
Con estas bases, el enfoque deja de ser un salto al vacío y se convierte en una decisión consciente. Lo importante es que el plan esté al servicio del proyecto y no se convierta en una excusa para no empezar nunca. Un plan que se revisa y se ajusta cada mes es mucho más útil que uno perfecto que nunca se pone en marcha.
La indecisión es el momento de avanzar
Hay un momento en todo emprendimiento en que la duda se vuelve muy fuerte: los clientes no llegan tan rápido como se esperaba, el dinero se acaba, alguien cercano pregunta «¿y cuándo vas a buscar un trabajo de verdad?». Ese momento de indecisión es, paradójicamente, el momento de avanzar. Es cuando más se necesita creer en las propias capacidades y recordar por qué se empezó.
Las creencias que frenan a quien emprende
Además del miedo económico, hay creencias que frenan a muchas personas que emprenden:
- «Emprender es para gente con dinero o contactos.»
- «Si no funciona en seis meses, es que no sirvo.»
- «No sé vender.»
- «Cobrar por lo que me gusta hacer está mal.»
- «Siempre me va mal en lo que empiezo.»
Estas creencias funcionan como trabas invisibles. Liberarlas es parte del camino tanto como diseñar un plan de negocio.
Cuando el entorno no acompaña
Quien emprende suele escuchar opiniones de todo tipo. Familiares que preguntan cuándo va a «sentar cabeza», amistades que comparan, colegas que no entienden por qué dejaría algo seguro. Esas voces pesan, sobre todo en los momentos de duda.
No se trata de ignorar a quienes te quieren, sino de distinguir entre el consejo útil y el miedo ajeno. Muchas veces, las advertencias de los demás hablan más de sus propios temores que de tus posibilidades. Rodearte de personas que también están construyendo algo propio, aunque sea en otro rubro, ayuda a sostener el enfoque cuando el entorno cercano no lo comprende.
Pedir ayuda no es fracasar
Una de las ideas más dañinas en el mundo del emprendimiento es la de que hay que poder sola. Pedir ayuda, sea a una mentora, a una red de emprendedoras o a un proceso terapéutico, no es una muestra de debilidad. Es una forma de avanzar más rápido. No tienes por qué estar sola.
Preguntas para tu enfoque
- ¿Cuál es la única dirección hacia la que quiero llevar mi energía en este momento?
- ¿Qué estoy haciendo hoy que divide esa energía?
- ¿Qué necesito, en concreto, para sentirme segura dando el siguiente paso?
- ¿Qué meta quiero alcanzar en tres meses y qué haré cada semana para lograrla?
- ¿Qué creencia sobre el dinero o el éxito necesito revisar?
Cuando el miedo al dinero pesa demasiado
Si el miedo a no tener suficiente te paraliza más de lo razonable, probablemente hay algo más profundo en tu relación con el dinero y con tu merecimiento. El taller «Abundancia económica y amor propio» trabaja estas raíces con la Terapia de Respuesta Espiritual, y también puedes abordarlo en una sesión individual de TRE.
Las terapias transpersonales, energéticas y complementarias no sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento médico o psicológico profesional.



