Acompañar la partida y el duelo: lo que sabemos sobre perder a alguien que amamos
Liliana Pimentel Valdez · 21/02/2022 · 5 min de lectura

El duelo no sigue etapas ordenadas ni tiene fecha de cierre. Qué dicen las investigaciones más recientes, por qué los vínculos continúan y cómo se acompaña la transición de quien parte y el dolor de quien se queda.
Pocas experiencias nos enfrentan tanto a lo esencial como la muerte de alguien que amamos. El dolor es profundamente humano y, al mismo tiempo, cada persona lo vive de una forma única. No hay una manera correcta de hacer un duelo, aunque a veces el entorno parezca exigirla: que llores lo suficiente, pero no demasiado; que vuelvas pronto a tu vida, pero sin olvidar.
Este artículo reúne lo que la investigación y la mirada transpersonal ofrecen para comprender el duelo y para acompañarlo, tanto a quien lo vive como a quien quiere aprender a sostenerlo en otros.
Más allá de las cinco etapas
Muchas personas conocen las cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Las describió la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en 1969, a partir de su trabajo con personas que estaban muriendo. Su aporte fue enorme, porque abrió una conversación sobre la muerte que la medicina evitaba.
Con el tiempo, sin embargo, ese modelo se aplicó a todo tipo de pérdidas y se interpretó como una secuencia obligatoria. Las investigaciones posteriores mostraron que el duelo rara vez sigue etapas ordenadas. Las emociones van y vienen, se mezclan, reaparecen años después en una fecha o con una canción. Esperar que el duelo avance «por fases» puede hacer que una persona sienta que lo está haciendo mal.
El duelo como un ir y venir
Las psicólogas Margaret Stroebe y Henk Schut propusieron a fines de los años noventa un modelo que muchas personas encuentran más cercano a su experiencia: el modelo de proceso dual. Según este modelo, quien está en duelo oscila entre dos tipos de actividad. Por un lado, se enfoca en la pérdida: llora, recuerda, extraña. Por otro, se enfoca en reconstruir su vida: resuelve trámites, asume nuevas tareas, vuelve a reír.
Ambos movimientos son necesarios. Pasar todo el tiempo en el dolor agota, y evitarlo por completo impide procesarlo. El duelo sano se parece más a un ir y venir que a una línea recta.
Las tareas del duelo
El psicólogo William Worden describió el duelo como un proceso activo con cuatro tareas: aceptar la realidad de la pérdida, atravesar el dolor, adaptarse a un mundo en el que la persona ya no está y encontrar una forma de mantener una conexión con ella mientras se sigue adelante con la vida. La idea de «tareas» devuelve a quien está en duelo un papel activo: no solo espera que el tiempo pase, sino que va haciendo un trabajo interior.
Los vínculos continúan
Durante mucho tiempo se pensó que un duelo bien hecho consistía en «soltar» a la persona fallecida y cortar el vínculo. Los investigadores Dennis Klass, Phyllis Silverman y Steven Nickman cuestionaron esa idea en su trabajo sobre los «vínculos continuos». Observaron que muchas personas mantienen una relación con sus seres queridos fallecidos, les hablan, sienten su presencia, siguen sus valores, y que eso no es un signo de duelo no resuelto, sino una forma sana de integrar la pérdida.
Esta mirada coincide con lo que la perspectiva transpersonal sostiene: el vínculo con quien partió es también un vínculo del alma, que no termina del todo con la muerte física.
Dos procesos que se acompañan
Desde la mirada transpersonal, cuando alguien parte hay dos procesos en marcha:
- La transición de quien se va, su paso a los Reinos Espirituales. En algunos casos, el acompañamiento espiritual puede ayudar a que ese paso se dé con paz, tanto en los momentos previos a la muerte como después.
- El duelo de quien se queda, con todo lo que trae: tristeza, culpa, palabras no dichas, preguntas sin respuesta, cambios prácticos en la vida.
Acompañar ambos procesos requiere respeto por las creencias de cada familia y una gran delicadeza.
Cuando el duelo se complica
La mayoría de las personas, con tiempo y apoyo, logran integrar una pérdida. Pero en algunos casos el duelo se vuelve muy difícil de sobrellevar: el dolor se mantiene igual de intenso durante mucho tiempo, impide retomar la vida cotidiana o se acompaña de ideas de no querer seguir viviendo. También hay pérdidas que suelen complicar el duelo: las muertes repentinas, las de hijos, las violentas, los suicidios y las pérdidas que el entorno no reconoce, como un aborto espontáneo o la muerte de una mascota.
En esos casos, buscar la ayuda de un profesional de salud mental es importante. Pedir ayuda no traiciona el amor por quien partió.
Para quien está en duelo
Algunas ideas que pueden ayudar:
- Date permiso para sentir lo que aparezca, incluso emociones inesperadas como el enojo o el alivio.
- No te compares con el duelo de otras personas, ni siquiera dentro de tu familia.
- Cuida tu cuerpo. El duelo también es físico: cansa, quita el apetito, altera el sueño.
- Busca formas de expresión: escribir una carta a quien partió, crear un pequeño ritual, conversar sobre esa persona.
- Acepta ayuda concreta. Cuando alguien te ofrezca algo, dile qué necesitas.
- Ten paciencia con las fechas. Aniversarios, cumpleaños y fiestas suelen reabrir el dolor. Es normal.
Los niños también hacen duelo
Con la intención de protegerlos, a veces se deja a los niños fuera de lo que ocurre: no se les dice la verdad, no se los lleva a la despedida, no se habla del tema frente a ellos. Pero los niños perciben el dolor de la casa y, sin información, suelen llenar los vacíos con fantasías que pueden ser más angustiantes que la realidad. Hablarles con palabras simples y verdaderas, permitirles preguntar, incluirlos en algún ritual adecuado a su edad y mostrarles que está bien estar triste les ayuda a atravesar la pérdida con menos miedo.
Para quien acompaña
Acompañar un duelo no es acelerarlo, ni convencer a nadie de que su ser querido «está mejor», ni ofrecer explicaciones espirituales que la persona no pidió. Es sostener el dolor mientras se transforma, ayudar a cerrar lo que quedó abierto y, cuando la persona está lista, acompañarla a resignificar el vínculo. A veces, lo más valioso que se puede ofrecer es presencia y silencio.
Qué se aprende en la formación
La transición a los Reinos Espirituales y el duelo es uno de los cuatro ejes de la Capacitación Terapéutica Avanzada, junto con la sanación grupal, la sanación de relaciones y el abordaje de trastornos mentales. Su requisito es haber cursado TRE Básico y Avanzado. Si estás atravesando una pérdida y lo que necesitas es acompañamiento, puedes agendar una sesión individual de TRE.
Si el duelo se vuelve muy difícil de sobrellevar, buscar también el acompañamiento de un profesional de salud mental puede ayudarte. Este contenido no sustituye la atención psicológica.



